sábado, 29 de junio de 2019

ESTUDIO BIBILICO: DEUTRONOMIO 4:06 al 10-T 1 Pedro 2 vs.9.-

ESTUDIO BÍBLICO
Jueves, 27 de Julio 2019

Lección : Deutronomio 4: 06 al 10
Texto: 1 Pedro 2 vs. 9.-

Deuteronomio 4:(repaso)
Tema: una amonestación a la nueva generación.
Estamos llegando a la conclusión del primer discurso de Moisés. Él había repasado sus viajes. Moisés y el pueblo estaban entonces en la ribera oriental del río Jordán. Habían llegado al monte Nebo, y Moisés les estaba dando sus instrucciones finales. A medida que les hablaba, miraba en forma retrospectiva a todo ese viaje. Solamente dos hombres que allí se encontraban, habían hecho todo el viaje con Moisés. Eran Josué y Caleb. La mayoría del pueblo había quedado enterrado en el desierto. Todos los demás eran miembros de la nueva generación y estaban dispuestos a entrar en la tierra pero antes, Moisés había querido pasar revista a las experiencias del desierto. Llegamos ahora al párrafo titulado
Moisés les suplicó que obedeciesen a Dios te Ama

Leamos los primeros dos versículos de este capítulo 4 de Deuteronomio:
"Ahora, pues, Israel, oye los estatutos y decretos que yo os enseño, para que los ejecutéis y viváis, y entréis y poseáis la tierra que el Señor, el Dios de vuestros padres, os da. No añadiréis a la palabra que yo os mando ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos del Señor, vuestro Dios, que yo os ordeno."
Ellos debían cumplir la Palabra de Dios. No solamente debían oírla, sino hacerla realidad en sus vidas. No debían añadir a la ley, ni tampoco debían quitar nada. Debían cumplirla tal como Dios la había dado.
Si Israel hubiera guardado la ley, ¡qué bendición hubiera sido! Pero, vemos aquí una demostración en la historia de un pueblo que recibió la ley en circunstancias favorables, pero que no pudo obedecerla. Recordemos la afirmación de que ningún ser humano será justificado delante de Dios por la ley. ¿Por qué? ¿Porque Dios es arbitrario? No. Es porque la naturaleza humana es radicalmente mala. Ése es el problema.
Ya hemos indicado que este libro recalca dos grandes Temas: amor y obediencia. Quizás usted nunca se dio cuenta que el amor fue un gran Tema del Antiguo Testamento, pero así fue. Aquí, en este capítulo 4 de Deuteronomio, Moisés le suplicó a esta nueva generación que obedeciese a Dios, y le dio las razones por la cuales debía obedecerle.

1. En primer lugar, Dios quería preservar y prosperar a Israel. Este primer versículo nos dice que ellos debían obedecer al Señor y escuchar Sus estatutos y decretos "para que - como dijo el Señor - viváis, y entréis y poseáis la tierra". La obediencia a Dios era la única base sobre la cual Él podía bendecirles. El deseaba su obediencia porque era Su deseo bendecirles.

2. En segundo lugar, la obediencia de Israel mostraría su agradecimiento a Dios. Leamos los versículos 5 al 8, de este capítulo 4:
"Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como el Señor, mi Dios, me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la que vais a entrar para tomar posesión de ella. Guardadlos, pues, y ponedlos por obra, porque ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta. Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está el Señor, nuestro Dios, en todo cuanto le pedimos? Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta Ley que yo pongo hoy delante de vosotros?"

Dios les había bendecido de una manera tan maravillosa, que debían mostrar su agradecimiento a través de la obediencia.
3. Ahora, en tercer lugar, el amor de Dios debía impulsarles a la obediencia. Pasemos hasta el versículo 37:
"Por cuanto él amó a tus padres, escogió a su descendencia después de ellos y te sacó de Egipto con su presencia y con su gran poder"
Ésta fue la primera vez en la Biblia que Dios le dijo a alguien que le amaba. Dios había demostrado que amaba al ser humano desde el principio del Génesis. Pero hasta ese momento no había dicho nada al respecto, y ésta fue la primera vez que habló de Su amor hacia alguien. Declaró que este amor había sido el motivo para todo lo que Él había hecho. Les había librado de la tierra de Egipto, y haría cosas aún mayores y más poderosas por ellos. La base de todo ello, el motivo, era que Dios les amaba.

Esto es algo que toda persona debiera hoy reconocer. No importa quien sea usted, estimado hermano, ¡Dios le ama! Es posible que usted no siempre sienta el amor de Dios. Nuestros pecados constituyen obstáculos entre Dios y nosotros. Pero a pesar de nuestro pecado, Dios nos ama a usted y a mí. Ha demostrado ese amor en la cruz de Cristo. Cuando recibimos a Cristo como Salvador, podemos experimentar el amor de Dios.
4. En cuarto lugar, debían obedecer a Dios porque le pertenecían. El versículo 1 del capítulo 14 de Deuteronomio, dice: "Hijos sois del Señor vuestro Dios; no os haréis incisiones ni os raparéis a causa de un muerto."
La obediencia a Dios es la primera ley de la vida, estimado hermano, hermana. El ser humano tiene un odio natural e innato hacia Dios. El hombre no quiere obedecer a Dios. De hecho, el hombre se opone muchísimo a Dios. Por toda la Palabra de Dios encontramos que hay una resistencia por parte del ser humano contra Dios. Hallamos eso en cada persona aún en la actualidad.

Permítanos decirle, que si la Palabra de Dios no quebranta la resistencia del ser humano, ninguna otra cosa lo hará. Solamente Dios puede hacerlo. Si Israel tan sólo hubiera obedecido la ley de Dios, ¡qué bendición habría tenido! Volvamos al comienzo de este capítulo 4 de Deuteronomio y leamos los versículos 3 y 4, para ver
Los resultados de la obediencia y la desobediencia
"Vuestros ojos vieron lo que hizo el Señor con motivo de Baal-peor: a todo hombre que siguió a Baal-peor lo exterminó el Señor, tu Dios, de en medio de ti. Pero vosotros, que seguisteis al Señor, vuestro Dios, todos estáis vivos hoy."

Él se estaba refiriendo al tiempo en que Balaam fue llamado para maldecir a Israel, pero no pudo hacerlo. El hecho es que sólo le fue posible pronunciar bendiciones. Pero hizo una sugerencia al rey Moab. Aconsejó al rey que, ya que no podía maldecir al pueblo, el rey debiera dejar que su pueblo iniciase relaciones con los israelitas para que pudieran tener lugar matrimonios mixtos con ellos. Esto implantaría la adoración falsa entre ellos y, en consecuencia, Dios les juzgaría. Y esto fue exactamente lo que ocurrió. Usted recordará que vimos esto en el capítulo 25 de Números. Esto debiera servir de ejemplo a esta generación, y también debiera servir de ejemplo para nosotros.

Hubo una recompensa por su obediencia. Aquellos que sí siguieron al Señor, conservarían la vida y entrarían en la tierra. Dios les recordó de nuevo que la obediencia trae con ella la bendición. Continuemos con el versículo 5:
"Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como el Señor, mi Dios, me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la que vais a entrar para tomar posesión de ella."
La obediencia traería la bendición de Dios. Entrarían en la tierra para tomar posesión de ella. Y su obediencia debía servir aún otro fin. Leamos el versículo 6:

"Guardadlos, pues, y ponedlos por obra, porque ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta."
Israel debía ser un testigo a todo el mundo. Debía testificar al mundo de una manera opuesta a la que la Iglesia testifica al mundo. A nosotros, como iglesia, Dios nos manda ir a todo el mundo a predicar el evangelio. Ese mandato es dado a cada creyente. Cada creyente en Cristo debiera tener alguna participación en la tarea de proclamar la Palabra de Dios hasta los confines de la tierra.

Ahora, francamente, a los israelitas nunca se les mandó salir como misioneros. Ellos tenían que invitar, como expresaban las palabras "Venid, a la casa del Señor iremos". Su obediencia, su lealtad a Dios, harían que las otras naciones oyeran estos estatutos, y que se fijarían en que las bendiciones de Dios harían de Israel una gran nación. Y entonces, ¿qué harían? ¿Qué hizo, por ejemplo, la reina de Saba? Bueno, ella vino desde los confines de la tierra. Hizo un viaje largo y arduo. Ahora, si una mujer vino y viajó toda esa distancia en tales circunstancias, ¿no cree usted que algunos hombres también vendrían a ver también? Y vinieron. Así de esa manera, Israel testificó al mundo. Si le obedecían, Dios les bendeciría y ello serviría de testimonio a todas las naciones. Pero, si no le obedecían y se apartaban del Señor, entonces Dios enviaría juicio sobre ellos. Leamos ahora el versículo 9:
"Por tanto, guárdate y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos y a los hijos de tus hijos."

Dios dio a la nación de Israel la gran tarea de un ministerio de enseñanza. Debían obedecer a Dios y debían enseñar estas cosas a sus hijos y a sus nietos.
La responsabilidad más grande de cualquier nación es la educación de sus jóvenes. Probablemente el fracaso más grande también de cualquier nación es la falta de esa educación. Ahora, no estamos culpando a las universidades ni a las escuelas. ¿Sabe usted dónde se encuentra el problema? Se encuentra precisamente en el hogar. Dios les dijo a los israelitas que instruyesen a sus hijos y nietos. Ésta fue la gran responsabilidad que Dios colocó sobre cada padre y madre en Israel.

Amados hermanos, si usted trae a un niño a este mundo, usted es responsable por ese niño. Nuestro problema hoy no son las relaciones internacionales ni la economía. Nuestro problema es el hogar. Dios hará responsables a los padres de hogares divididos, por esos hijos abandonados a su suerte, que nunca conocieron la enseñanza, ni el amor, ni el interés, ni la comunicación de sus padres. ¡Qué gran responsabilidad es esta! Dios lo expuso con toda claridad a Israel. Cuando la nación fracasó, fue porque había fracasado en el hogar. Y Dios la juzgó por ello.
pastor SAMUEL RICARDO siervo de Jesucristo.-

sábado, 20 de abril de 2019

ESTUDIO BÍBLICO -21.04-2019. DOMINGO DE RESURRECCIÓN



ESTUDIO BÍBLICO
21 de Abril 2018.-
Lección : 16 al 20.
Texto : Génesis 14: 12.-

Introducción : :
Este capítulo muestra la soberanía de Jehová en fronteras internacionales (véase 32:8; Nehemías 9:22), porque cada una de estas frases hace énfasis en que Jehová es el que entregó la tierra a ciertos grupos étnicos para que la heredaran. Este capítulo muestra que Jehová no entregó la tierra exclusivamente a Israel, sino que le dio un poco a cada nación. Algunos perdieron su tierra por su pecado (ejemplo,Génesis 15:16) e Israel también perdió su tierra por un período (ejemplo, los exilio asirio y babilónico) por su pecado. Esto afirma que Jehová es el Dios universal. En una época de politeísmo, esta es una maravillosa declaración de monoteísmo. Solamente hay un Dios, Deuteronomio 6:4-6. Él es el que da la tierra incluso a los edomitas, moabitas, amorreos, etc. Deuteronomio 32:8 .

2:14, 16 "toda la generación de los hombres de guerra"Los "hombres de guerra" incluía a cada varón entre 20 50 años de edad (véase Números 21:12; 38:26; Números 1:3; 14:29). Toda esta generación mala e incrédula (ejemplo, falta de fe en las promesas de Jehová) tenía que morir (véase verso 15) antes de que los israelíes más jóvenes pudieran poseer la Tierra Prometida.

"como Jehová les había jurado" Véase Números 14:28-29; Deuteronomio 1:34-35.

2:15 "la mano de Jehová" Véase el siguiente Tópico Especial.

TÓPICO ESPECIAL: DIOS DESCRITO COMO HUMANO (LENGUAJE ANTROPOMÓRFICO)


El tipo de lenguaje es muy común en el AT
Partes del cuerpo físico
Ojos - Génesis 1:4, 31; 6:8; Génesis 1:4; Números 14:14; Deuteronomio 11:12; Zacarías 4:10
Manos - Zacarías 4:10; Números 11:23; Deuteronomio 2:15
Brazo - Deuteronomio 2:15; 15:16; Números 11:23; Deuteronomio 4:34; 5:15
Oídos - Números 11:18; 1 Números 11:18; 2 Números 11:18; Salmos 5:1; 10:17; 18:6
Cara - Salmos 5:1; 33:11; Números 6:25; Deuteronomio 34:10; Salmos 114:7
Dedo - Salmos 114:7; 31:18; Deuteronomio 9:10; Salmos 8:3
Voz - Génesis 3:8, 10; Génesis 3:8; 19:19; Deuteronomio 26:17; 27:10
Pies - Deuteronomio 26:17; Ezequiel 43:7
Forma humana - Ezequiel 43:7; Salmos 47; Isaías 6:1; Ezequiel 1:26
El ángel del Señor - Génesis 16:7-13; 22:11-15; 31:11, 13; 48:15-16; Génesis 16:7-13, 13-21; 14:19; Jueces 2:1; 6:22-23; 13:3-22
Acciones físicas
Hablar como mecanismo para la creación - Génesis 1:3, 6, 9, 11, 14, 20, 24, 26
Caminar (ejemplo, el sonido de) en Edén - Génesis 3:8; 18:33; Habacuc
Cerrar la puerta del arca de Noé - Génesis 7:16
Oler sacrificios - Génesis 8:21; Levítico 26:31; Amós 5:21
Bajar - Génesis 11:5; 18:21; Génesis 11:5; 19:11, 18, 20
Enterrar a Moisés - Deuteronomio 34:6
Emociones Humanas
Lamentar/arrepentirse - Génesis 6:6, 7; Génesis 6:6; Jueces 2:18; 1 Jueces 2:18, 35; Amós 7:3, 6.
Ira - Amós 7:3; 15:7; Números 11:0; 12:9; 22:22; 25:3, 4; 32:10, 13, 14; Deuteronomio 6:5; 7:4; 29:20
Celos - Deuteronomio 6:5; 34:14; Deuteronomio 4:24; 5:9; 6:15; 32:16, 21; Josué 24:19
Repugnar/aborrecer - Levítico 20:23; 26:30; Deuteronomio 32:19
Términos de familia
Padre
de Israel - Deuteronomio 32:19; Deuteronomio 14:1; 39:5
del rey - 2 Deuteronomio 14:1; Salmos 2:7
metáforas de acción paternal - Deuteronomio 1:31; 8:5; 32:1; Salmos 27:10; Proverbios 3:12; Jeremías 3:4, 22; 31:20; Oseas 11:1-4;Malaquías 3:17
Progenitor - Oseas 11:1-4
Madre - Salmos 27:10 (analogía de una madre que amamanta); Isaías 49:15; 66:9-13
Joven amante fiel - Oseas 1-3
Razones para el uso de este tipo de lenguaje
Para Dios es una necesidad revelarse a los seres humanos. ¡El concepto general de Dios como masculino es un antropomorfismo porque Dios es espíritu!
Dios toma los aspectos más significativos de la vida humana y los usa para revelarse a la humanidad caída (padre, madre, progenitor, amante).
Aunque es necesario, Dios no quiere estar limitado a ninguna forma física (véase Éxodo 20; Deuteronomio 5).
¡El antropomorfismo final es la encarnación de Jesús! Dios llegó a ser físico, palpable (véase 1 Juan 1:1-3). El mensaje de Dios llegó a ser la Palabra de Dios (véase Juan 1:1
2:16 "después que murieron todos los hombres de guerra" Esto muestra un balance entre el amor de Dios y la justicia de Dios. El propósito de Dios no solamente es castigar sino ayudar a su pueblo a aprender de sus errores. Por lo tanto, hizo que este pueblo, bajo su sentencia de muerte, vagara por 38 años, pero los alimentó, los amó y proveyó para ellos. No fue una muerte repentina sino una muerte prematura. Cada uno de los hombres que subieron a Cades-barnea, mayores de 20 años, ahora estaban muertos, excepto Josué y Caleb.

2:19 Esto es paralelo a 2:5 y 2:9. Estos son los mismos verbos que el verso 9. Los amonitas también eran parientes de los israelitas a través de Lot.

La palabra "antropomorfismo" viene de dos palabras griegas: "anthropos" que significa "hombre" y, "morphe" que significa "forma". Por lo tanto, un antropomorfismo es cuando Dios se nos aparece o manifiesta a Sí mismo en forma humana o cuando Sus mismos atributos se refieren a Él con características humanas. Esto lo vemos en toda la Biblia; y con razón. Después de todo, no podemos ascender donde se encuentra Dios; pero Él puede descender donde estamos nosotros


pastor SAMUEL RICARDO siervo de Jesucristo.-

jueves, 18 de abril de 2019

NUESTRO PAN DIARIO Jueves 18-04-2019.



NUESTRO PAN DIARIO
Jueves, 18 de Abril 2019

La Cena del Señor figura nuestra relación presente con Jesucristo.

La crucifixión de Jesús tiene una importancia continua en todos quienes han tomado una cruz para seguirlo. Continuamos participando en su muerte y en el nuevo pacto porque participamos en su vida.

Pablo escribió: “Esa copa de bendición por la cual damos gracias, ¿no significa que entramos en comunión con la sangre de Cristo? Ese pan que partimos, ¿no significa que entramos en comunión con el cuerpo de Cristo?” (1ª Cor. 10:16). Por medio de la Cena del Señor, mostramos que compartimos en Jesucristo, comulgamos con él, estamos unidos a él.

El Nuevo Testamento habla de nuestro compartir con Jesús en varias formas. Compartimos en su crucifixión (Gal. 2:20; Col. 2:20), su muerte (Ro. 6:4), su resurrección (Efesios 2:6; Col. 2:13; 3:1) y su vida (Gal. 2:20). Nuestras vidas están en él y él está en nosotros. La Cena del Señor simboliza esta realidad espiritual.

Juan 6 da un cuadro similar. Después de que Jesús proclamó ser el “pan de vida”, dijo: “Quienquiera que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día” (v. 54).

Es esencial que encontremos nuestra comida espiritual en Jesucristo. La Cena del Señor figura esta verdad continua. “El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él” (v. 56), significa que nosotros vivimos en Cristo, y él vive en nosotros.

La Cena del Señor nos ayuda a mirar hacia arriba, a Cristo, y ser conscientes que la verdadera vida sólo puede estar en él y con él.

Así que la Cena del Señor nos ayuda a mirar hacia arriba, a Cristo, y ser conscientes que la verdadera vida sólo puede estar en él y con él.

Pero cuando somos conscientes de que Jesús vive en nosotros, también hacemos una pausa para pensar qué tipo de hogar le estamos dando a él. Antes que él entrara en nuestras vidas, éramos habitaciones de pecado. Y Jesús lo sabía antes de tocar a la puerta de nuestras vidas. Él quiere entrar para hacer la limpieza. Pero cuando Jesús toca, muchas personas intentan hacer un rápido orden antes de abrir la puerta. Sin embargo, nosotros somos humanamente incapaces de limpiar nuestros pecados. Lo más que podemos hacer es esconderlos en el armario.

Así que escondemos nuestros pecados en el armario, e invitamos a Jesús a pasar a nuestra sala. En un futuro le permitimos entrar a la cocina, y luego al vestíbulo, y posteriormente a una alcoba. Es un proceso gradual. En el futuro Jesús consigue que el armario dónde nuestros peores pecados están ocultos, sea limpiado por él. Año tras año, cuando crecemos en la madurez espiritual, rendimos más de nuestras vidas a nuestro Salvador.

Es un proceso y la Cena del Señor juega un papel importante en este proceso. Pablo escribió: “Así que cada uno debe examinarse a sí mismo antes de comer el pan y beber de la copa” (1ª Cor. 11:28). Cada vez que participamos, debemos examinarnos, conscientes del gran significado que involucra esta ceremonia.

Cuando nos examinamos, encontramos a menudo que tenemos pecado. Esto es normal. No hay ninguna razón para evitar en participar en la Cena del Señor. Simplemente es un recordatorio en el que necesitamos a Jesús en nuestras vidas. Sólo él puede librarnos de nuestros pecados.

Pablo criticó a los cristianos de Corinto por su manera de observar la Cena del Señor. Los miembros adinerados venían primero, y comían una gran cena e incluso se emborrachaban. Los miembros pobres venían en último lugar, aún hambrientos. El adinerado no estaba compartiendo con el pobre (vv. 20-22). Ellos realmente no estaban compartiendo la vida de Cristo, porque no estaban haciendo lo que él haría, no eran comprensivos de lo que quiere decir el ser miembro del cuerpo de Cristo, y que los miembros tienen las responsabilidades entre si unos con otros.

Al examinarnos, necesitamos echar una mirada alrededor para ver si estamos tratándonos de la misma manera que Jesús ordenó. Si usted está unido con Cristo y yo me uno a Cristo, entonces nosotros realmente nos unimos entre si también. Así que la Cena del Señor, es una figura de nuestra participación en Cristo, también figura nuestra hermandad.

Pablo escribió en 1ª Cor. 10:17: “Hay un solo pan del cual todos participamos; por eso, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo” Participando juntos en la Cena del Señor, nos imaginamos el hecho que nosotros somos un cuerpo en Cristo, uno entre sí, con responsabilidades entre si.

La costumbre de lavado de pies también figura nuestra relación unos con otros. Aquellos que son grandes en el reino de Dios, aquellos quienes realmente están viviendo la vida del reino de él, están sirviendo unos a otros. Jesús mostró esto a sus discípulos lavándoles sus pies (Juan 13:1-15). Nosotros lo mostramos lavando los pies de una persona, y permitiendo que nos laven los pies. La vida cristiana involucra servir y ser servido. Esto debe ser así a lo largo de nuestras vidas, no sólo como simbolismo.

El simbolismo de este ritual puede mostrarse también con una verdadera actitud de servicio, de preocupación por el bienestar de la otra persona.

La Cena del Señor también nos recuerda el futuro, el retorno de Jesús.

El pan y el vino son prototipos de lo que será la más grande celebración de victoria en toda la historia.

Tres escritores del Evangelio nos señalan que Jesús dijo: “Les digo que no beberé de este fruto de la vid desde ahora en adelante, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre” (Mateo 26:29; Lucas 22:18; Marcos 14:25). Siempre que participemos, recordamos la promesa de Jesús. Habrá un gran banquete “mesiánico”, un “Banquete de boda”, de celebración. El pan y el vino son prototipos de lo que será la más grande celebración de victoria en toda la historia. Pablo escribió que “Siempre que se coma este pan y beba esta copa, se proclama la muerte del Señor hasta que él venga” (1ª Cor. 11:26).

Nosotros siempre miramos hacia adelante, así como hacia atrás, hacia arriba, hacia el centro y hacia alrededor. La Cena del Señor es rica en significado. Por eso ha sido una parte prominente de la tradición cristiana a lo largo de los siglos. A veces se convirtió en un ritual inanimado, lleno más de hábito que de significado. Cuando se convierte en un simple ritual, pierde significado, algunas personas exageran deteniendo el ritual completamente. La mejor respuesta es restaurar el significado. Por eso es útil para nosotros repasar lo que simboliza este acontecimiento.

pastor SAMUEL RICARDO siervo de Jesucristo.-

miércoles, 17 de abril de 2019

NUESTRO PAN DIARIO-Miércoles 17 de Abril 2019.




NUESTRO PAN DIARIO
Miércoles, 17 de Abril 2019
Un estudio de la Cena del Señor es una experiencia que estremece el alma por el profundo significado que representa. Fue durante la antigua celebración de la Pascua, en la tarde de Su muerte, que Jesús instituyó una nueva y significativa cena que celebramos hasta el día de hoy. Es una parte integral de la adoración cristiana. Nos hace recordar la muerte y resurrección del Señor, mirando hacia el futuro, esperando Su regreso en gloria.
La Pascua era la festividad anual más sagrada de la religión judía. Conmemoraba la última plaga en Egipto, cuando los primogénitos de los egipcios murieron y los israelitas fueron perdonados por la sangre del cordero que fue rociada en los postes de sus puertas. Las familias asaron el cordero y se lo comieron con pan sin levadura. El mandato de Dios era que esta festividad fuera celebrada a través de todas las generaciones futuras. La historia se registra en Éxodo 12.
Durante la celebración de la pascua, Jesús tomó un pedazo de pan y dio gracias a Dios. Mientras partía el pan y se los daba, Él dijo, “Tomad, comed; esto es Mi cuerpo que por vosotros es partido”. Asimismo, tomó también la copa, después de haber cenado. Les dio la copa, y bebiendo ellos de ella, Él dijo; “Esta copa es el Nuevo Pacto en Mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis en memoria de Mí”. Después Él concluyó la fiesta cantando un himno (Mateo 26:30) y todos salieron esa noche al Monte de los Olivos. Fue ahí donde Jesús fue traicionado por Judas, como se predijo. El día siguiente Él fue crucificado.
Los relatos de la Cena del Señor se encuentran en los Evangelios de Mateo 26:26-29, Marcos 14:17-25, Lucas 22:7-22, y Juan 13:21-30. El apóstol Pablo escribió sobre la Cena del Señor en 1 Corintios 11:23-29. Pablo incluye una declaración que no se encuentra en los Evangelios: “De manera que cualquiera que comiere de este pan o bebiere de esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí” (1 Corintios 11:27-29). Podríamos preguntar qué significa el participar del partimiento del pan y de la copa “de manera indigna”. Puede significar el tomar con indiferencia el verdadero significado del pan y de la copa, olvidando el tremendo precio que nuestro Salvador pagó por nuestra salvación. O puede significar el permitir que la ceremonia se vuelva un ritual muerto y rutinario, o venir a la mesa con un pecado sin confesar. Para guardar la instrucción de Pablo, cada uno debe examinarse a sí mismo antes de comer del pan y beber de la copa.
Otra declaración que hace Pablo, y que no está incluida en los Evangelios es, “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que Él venga” (1 Corintios 11:26). Esto establece un tiempo límite para la ceremonia – hasta que Él venga. De estas breves declaraciones, aprendemos cómo utilizó Jesús dos de los elementos más frágiles como símbolos de Su cuerpo y sangre, y los instituyó como un monumento a Su muerte. No fue un monumento de mármol tallado o figuras de bronce, sino de pan y jugo de uva.
Él declaró que el pan simbolizaba Su cuerpo, el cual sería partido – ningún hueso Suyo fue quebrado, pero Su cuerpo fue tan terriblemente flagelado que apenas era reconocible (Salmo 22:12-17; Isaías 53:4-7). El jugo de uva hablaba de Su sangre, indicando la terrible muerte que en breve Él experimentaría. Él, el perfecto Hijo de Dios, se convirtió en el cumplimiento de incontables profecías del Antiguo Testamento concernientes al Redentor (Génesis 3:15; Salmo 22; Isaías 53, etc.). Cuando Él dijo: “Haced esto en memoria de Mí”, Jesús indicó que esta era una ceremonia que debía ser practicada en el futuro. También indicaba que la Pascua, que requería la muerte de un cordero y señalaba al futuro la venida del Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo, se cumplía en la Cena del Señor. El Nuevo Pacto tomó su lugar cuando Cristo, el Cordero de Pascua, fue sacrificado (1 Corintios 5:7; Hebreos 8:8-13). Este sistema sacrificial ya no era necesario (Hebreos 9:25-28). La Cena del Señor o Comunión Cristiana, es un recuerdo de lo que Cristo hizo por nosotros y una celebración de lo que recibimos como resultado de Su sacrificio.

martes, 16 de abril de 2019

NUESTRO PAN DIARIO



NUESTRO PAN DIARIO
Martes,16 de Abril 2019
En la tarde cuando fue traicionado, mientras Jesús estaba comiendo con sus discípulos, tomó un poco de pan y dijo, “Éste es mi cuerpo dado para ustedes; hagan esto en memoria de mí” (Lucas 22:19). Ellos comieron un pedazo del pan. Cuando nosotros participamos en la Cena del Señor, cada uno come un pedazo de pan en memoria de Jesús.
“De la misma manera, después de haber cenado, tomó la copa, diciendo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre el cual es derramada por ustedes” (v. 20). Cuando nosotros bebemos una cantidad pequeña de vino en la Cena del Señor, recordamos la sangre de Jesús que se derrama por nosotros, y que su sangre significó el nuevo convenio. Así como el antiguo pacto se selló con la rociadura de sangre, el nuevo pacto se estableció por medio de la sangre de Jesús (Hebreos. 9:18-28).
Pablo dijo: “Porque cada vez que comen este pan y beben de esta copa, proclaman la muerte del Señor hasta que él venga” (1ª Cor. 11:26). La Cena del Señor es una mirada retrospectiva de la muerte de Jesucristo en la cruz.
La Cena del Señor es una mirada retrospectiva de la muerte de Jesucristo en la cruz.
¿La muerte de Jesús es una cosa buena, o una cosa mala? Hay ciertamente algunos aspectos de mucha aflicción respecto a su muerte, pero la gran apreciación de este suceso es que su muerte es la mejor noticia posible. Muestra cuánto Dios nos ama. Tanto fue ese amor que envió a su Hijo para que muriera por nosotros, para que nuestros pecados puedan perdonarse y podamos vivir por siempre con él.
La muerte de Jesús es un tremendo regalo para nosotros. Es precioso. Cuando recibimos un regalo de gran valor, un regalo que involucró un sacrificio personal, ¿cómo debemos recibirlo? ¿Con lamento y pena? No, eso no es los que el dador quiere. Más bien, debemos recibirlo con gran gratitud, como una expresión de gran amor. Si por ello derramamos lágrimas, deben ser lágrimas de alegría.
Así que la Cena del Señor, aunque es un recordatorio de una muerte, no es un funeral, como si Jesús todavía estuviera muerto. Es realmente lo contrario, nosotros observamos esto sabiendo que la muerte de Jesús sólo duró tres días.
Sabiendo que la muerte no nos sujetará para siempre, nos regocijamos que Jesús ha conquistado la muerte, y ha librado a todos los que fueron esclavizados por miedo a la muerte (Heb. 2:14-15).
¡Podemos recordar la muerte de Jesús con el conocimiento feliz que él ha triunfado por encima del pecado y la muerte! Jesús dijo que nuestro llanto se convertirá en la alegría (Juan 16:20). Venir a la mesa del Señor y participar en la comunión, debe ser una celebración, no un funeral.
Los Israelitas del antiguo pacto miraban a los eventos de la Pascua como un momento definido en su historia, el tiempo cuando su identidad como nación empezó. Era cuando ellos escaparon de la muerte y la esclavitud a través de la mano poderosa de Dios y fueron librados para servir al Señor. En la iglesia cristiana, miramos los eventos que rodean a la crucifixión y la resurrección de Jesús como el momento definitorio en nuestra historia. Es de cómo escapamos de la muerte y la esclavitud del pecado, y cómo nos libramos sirviendo al Señor. La Cena del Señor es una conmemoración de ese momento que define nuestra historia.
pastor SAMUEL RICARDO siervo de Jesucristo.-


lunes, 18 de marzo de 2019

El libro de Deuteronomio contiene un resumen de la ley que Moisés predicó en varios sermones antes de su muerte, y que debemos situar en el contexto de la renovación del pacto cuando el pueblo se disponía a cruzar el río Jordán para poseer la Tierra Prometida. Esta nueva exposición de la ley era una nueva invitación al pueblo de Israel a dedicarse al pacto que Dios había establecido con ellos. Por esta razón se subrayan las bendiciones que les traería la obediencia a la ley de Dios y también las consecuencias de su desobediencia... -Deutronomio 1: 1 al 5 - Génesis 35:10,. Los títulos La palabra "Deutero" significa dos o segundo, y "nomion" es la ley. Por tanto, la palabra Deuteronomio, nombre dado a este libro en la traducción griega del Antiguo Testamento, significa la segunda ley. No hemos de inferir que fue una repetición de la ley, como fue dada a Moisés en el monte Sinaí. Ésta fue más que una recapitulación. Fue otro ejemplo de la ley de repetición o de recurrencia, que ya hemos visto anteriormente en las Escrituras Sagradas. El Espíritu de Dios tiene su método de decir algo en forma de bosquejo o plan general, y luego vuelve al mismo y pone énfasis sobre una porción concreta de lo que ha dicho. Es el método que Dios usó para llamar nuestra atención sobre ciertos asuntos de especial importancia. Las leyes específicas que necesitaban énfasis, se repitieron y fueron tratadas detalladamente. Por ejemplo, éste fue el caso de los Diez Mandamientos en el capítulo 5. Así pues, Deuteronomio es un comentario sobre la ley mosaica. Hay cuatro títulos hebreos del Deuteronomio. 1. Debarim - "Las Palabras" o "Éstas son las Palabras", que se deriva de la primera frase del libro. "Éstas son las palabras que habló Moisés a todo Israel a este lado del Jordán" (Dt.1:1). Estas palabras que habló Moisés se pueden clasificar en un bosquejo, cuyas divisiones principales serían las siguientes: I. Los primeros 4 capítulos miran retrospectivamente hacia los viajes de los hijos de Israel. Moisés repasó su historia para esta nueva generación. II. Luego reiteró la ley en los capítulos 5 al 26: en esta sección encontramos una repetición e interpretación de los 10 mandamientos (capítulos 5 al 7), una serie de reglas religiosas y nacionales (capítulos 8 al 21) y una serie de reglas para las relaciones domésticas y personales (capítulos 22 al 26) Luego, habiendo mirado atrás al pasado, llegamos a otra sección, III. en la que se miró adelante, al futuro, y el autor presentó una de las más grandes porciones proféticas en toda la Escritura (en los capítulos 27 al 30). Por último, hay un réquiem a Moisés en los capítulos 31 al 34. Así pues, todo este bosquejo proviene de uno de los nombres del libro de Deuteronomio - "Debarim" o "Las Palabras". Continuando con los otros títulos hebreos de este libro tenemos: 2. El Kith o sea, Quinto Libro de la Ley. 3. El Libro de Reproches, y 4. La Reiteración de la Ley. El escritor Moisés escribió el Deuteronomio. Moisés, fue un hombre que conoció a Dios, y con el cual Dios habló cara a cara. Los hijos de Israel vieron las obras de Dios, pero no le conocían a Él. Moisés sí conoció Sus propósitos. "Sus caminos notificó a Moisés, y a los hijos de Israel sus obras" nos dice el Salmo 103:7. Deuteronomio fue el resultado de este conocimiento íntimo, además de la experiencia de los 40 años en el desierto. La sección que trata sobre la muerte de Moisés, Deuteronomio 34:5-12, fue probablemente escrita por Josué y pertenece al libro de Josué. Cuando este libro de Josué fue escrito, fue colocado en el rollo del Pentateuco, convirtiéndolo en un Hexateuco. El libro de Deuteronomio ha sido el centro de ataque de los críticos. La paternidad literaria del libro fue primero puesta en tela de juicio. La crítica original era que Moisés no pudo haberlo escrito porque el arte de escribir no existía en los tiempos de Moisés. Aquella crítica fue refutada posteriormente en forma absoluta, ya que hoy se sabe que la escritura existió desde mucho antes que la época de Moisés. Luego los críticos declararon que el fin del libro era glorificar el sacerdocio en Jerusalén, pero no se mencionan en el Deuteronomio, ni el sacerdocio ni Jerusalén. Mucha de esta crítica se derivó de la hipótesis de Graf-Wellhausen, la cual surgió hace muchos años de las universidades alemanas. Todavía se enseña en muchos de los seminarios en los Estados Unidos. El motivo probable del ataque satánico contra el libro de Deuteronomio, es que el Señor Jesucristo citó exclusivamente de este libro cuando Satanás le tentó. La primera tentación - (Mateo 4: 4 y Lucas 4: 4) En ese pasaje, Satanás sugirió a Jesús que convirtiese a las piedras en pan. Jesús citó Dt. 8:3, y dijo: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. La segunda tentación - (Mateo 4: 7 y Lucas 4:12) En este pasaje, Satanás le ofreció a Jesús arrojarse al vacío desde el pináculo del templo. Entonces Jesús citó de Dt. 6:16, y dijo: No tentarás al Señor tu Dios. La tercera tentación - (Mateo 4:10 y Lucas 4: 8) En este pasaje, Satanás le llevó a un lugar desde el que le mostró y ofreció todos los reinos del mundo. Entonces Jesús citó de Dt. 6:13 y 10:20; y dijo: Al Señor tu Dios adorarás y sólo a él servirás. El Deuteronomio exalta la Palabra de Dios. "Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón" (Dt. 6:7). Estimado oyente, no es la Biblia que usted lleva bajo el brazo, o la que conserva en su biblioteca como un recuerdo, lo importante. Sino más bien, la Biblia que usted abre delante de sus ojos y que estudia y lee. Los profetas del Antiguo Testamento citaban con mucha frecuencia del Deuteronomio. En el Nuevo Testamento hay más de 80 referencias al libro. El Tema El Tema de este libro es el amor y la obediencia. A algunos podría sorprenderles que el Tema del amor de Dios figure mencionado tan temprano en la historia Bíblica. La palabra "amor" aparece 22 veces, y "obedecer" aparece 10 veces. El móvil de la obediencia es el amor. El Señor Jesús no trató de enseñar algo nuevo. Estaba enseñando una verdad eterna, cuando dijo, en Juan 14.15, "Si me amáis, guardad mis mandamientos". Este libro enseña que la obediencia constituye una respuesta al amor de Dios. El verdadero móvil de la obediencia se declara en Dt. 6:4,5: "Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, EL Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas." El amor del hombre para Dios es el móvil de su obediencia. Éste no es el evangelio, pero su gran principio se halla aquí. Esto nos ayudará a tener una perspectiva justa de la ley. Vamos a entender una cosa. ¡La ley es buena! Aunque ponemos énfasis en el hecho de que no podemos ser salvos por la ley, ello no implica que la Ley no sea buena. Por supuesto, ¡la ley es buena! Entonces, ¿dónde se encuentra el problema? La dificultad está en usted y con cada uno de nosotros. En consecuencia, Dios tiene que salvarnos solamente por Su Gracia. El principio del amor y la obediencia es la senda de la bendición. Es también la respuesta a aquellos que no hallan al amor en el Antiguo Testamento. El amor sí se halla en el Antiguo Testamento, así como la ley también se encuentra en el Nuevo Testamento. Moisés le suplicó al pueblo que obedeciera. Debía obedecer porque Israel pertenecía a Dios. Dios les amaba y quiso guardarles y prosperarles. Debían manifestar a Dios su agradecimiento. Dios nos ha dado leyes porque nos ama. Sus leyes son eternas, y gran bendición resulta del obedecer aquellas leyes. La dificultad se halla en el corazón humano. El propósito del libro El libro de Deuteronomio fue escrito para esa nueva generación que había llegado a la orilla oriental del río Jordán (Dt. 1:5), que no estaba familiarizada con las experiencias del monte Sinaí. Había llegado a la orilla oriental del Río Jordán, y les quedaba un mes para entrar en la tierra prometida (Dt. 1:3). Los adultos de la generación que había salido de Egipto, ya estaban muertos y sus huesos se desintegraban bajo los cielos del desierto, a causa de su incredulidad y desobediencia. Habían violado la ley de Dios por los pecados que habían cometido. Habían demostrado su falta de fe en Dios, lo cual abarcaba sus pecados por omisión, es decir, aquellas cosas que debían haber hecho y no hicieron. ¡Porque la incredulidad es pecado! Como dijimos anteriormente, no es que la ley fuera mala, sino que era incapaz de ser llevada a la práctica a causa de la debilidad humana. El Apóstol Pablo dijo en Romanos 8:3, Porque Dios ha hecho lo que no pudo hacer la ley de Moisés, que era incapaz de hacerlo a causa de la debilidad humana: Dios envió a su hijo en la misma débil condición del hombre pecador y como sacrificio por el pecado, para de este modo condenar el pecado en la propia debilidad de nuestra condición. La carne era mala así como lo es hoy. Ésa era la razón por la cual Dios había de tener una base totalmente diferente para salvarnos. Esta nueva generación de personas adultas, necesitaba recibir la ley interpretada a la luz de treinta y ocho años de experiencias en el desierto. Habían surgido nuevos problemas no tratados específicamente por la ley. Como ejemplo de nuevas situaciones, recordemos, de nuestro estudio del libro de Números, que las hijas de Zelofehad se habían presentado ante Moisés y le habían dicho que su padre no tenía hijos varones vivos. La familia estaba formada por aquellas cinco mujeres. La ley decía que un hijo varón era quien debía heredar la tierra, y por tanto le preguntaron si ellas tendrían derecho de herencia, o si la tierra dejaría de ser de la familia de su padre si ellas no podían heredarla. Por tanto, tuvo que haber una interpretación de la ley, y la interpretación fue que las mujeres, las que eran herederas, podrían heredar la tierra justamente como los hombres. Por otra parte, Dios también le dijo a Su pueblo que debían enseñar la Ley constantemente a sus hijos. Por cierto, me pregunto si ésa no es un área descuidada en el hogar de nuestra época y en algunos sectores del cristianismo contemporáneo. Moisés le dio a esta nueva generación las instrucciones finales del Señor antes de ceder, al morir, el liderato de la nación. Pasó revista a las experiencias del desierto, y puso énfasis nuevamente en ciertos aspectos de la ley. Les dio a conocer su próximo recorrido, a la luz del pacto palestino, el cual Dios había hecho con relación a la tierra prometida. En este libro no solo veremos que la ley mosaica no fue dada sólo a un pueblo, sino que también fue dada a una tierra. Finalmente, Moisés les enseñó un nuevo cántico, bendijo a las doce tribus, y se preparó para morir. Concluye el libro con un réquiem a Moisés. Recapitulando, el Deuteronomio sigue la forma o el esquema de los tratados que los reyes del segundo milenio A.C. concertaban con un país vasallo, lo cual nos lleva a fijar una fecha temprana para la redacción de este libro. Pero a pesar del citado esquema, la naturaleza de esta obra es más bien del tipo del sermón. Moisés estaba predicando la ley al pueblo israelita, para que la Palabra de Dios se grabase en sus corazones. Su meta era conseguir que la gente renovase el pacto realizado en el monte Sinaí. En otras palabras, su propósito era lograr un compromiso renovado con el Señor. Porque sólo comprometiéndose incondicionalmente con el Señor podría aquel pueblo entrar, conquistar y tomar posesión de la tierra prometida, para vivir en paz y prosperidad. Pasemos ahora a considerar Deuteronomio 1:1-3 Tema: el fracaso de Cades-Barnea Es importante notar aquí que los primeros 4 capítulos de este libro dan una mirada retrospectiva a las jornadas de los hijos de Israel. En realidad, estos cuatro capítulos constituyen el primer discurso que fue pronunciado por Moisés. Este discurso se extiende desde Dt. 1:6 hasta Dt. 4:40. Moisés está recordando su historia pasada y, concretamente, los viajes de los israelitas e interpretando muchos de los eventos ocurridos. Toda aquella generación había muerto, con la excepción de Caleb y Josué. Estaba preparando a la nueva generación para entrar en la tierra prometida, y repasando las experiencias de sus padres, para que la nueva generación obtuviese un provecho de ellas y no repitiese los fracasos de sus antepasados. Leamos el versículo 1 de este primer capítulo de Deuteronomio: "Éstas son las palabras que habló Moisés a todo Israel a este lado del Jordán, en el desierto, en el Arabá, frente al Mar Rojo, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab." Desde ese monte, le es posible a uno ver la ciudad de Jerusalén. Lo que se ve hoy no parece ser, de ninguna manera, una tierra prometida. Se ve más bien como una tierra deshabitada, y esto revela lo que le ha ocurrido a dicha tierra a través de los siglos. Cuando Moisés la miró desde la cima de aquel monte, creemos que vio una tierra floreciente y buena. Hoy en día, es un desierto. Continuemos leyendo el versículo 2: "Once jornadas hay desde Horeb, camino de los montes de Seir, hasta Cades-barnea." El monte Sinaí está en Horeb. Era un viaje de unos once días desde Horeb hasta Cades-barnea. Ésta era la entrada a la tierra prometida. Israel pasó 38 años peregrinando, cuando debía haber tardado sólo once días hasta entrar en la tierra. ¿Por qué? Por causa de su incredulidad. Su marcha se convirtió en un vagar errantes, y llegaron a ser simplemente extranjeros y peregrinos en aquel desierto. Éste es el resultado triste. ¿Por qué fue así? Porque eran lentos para aprender. Se desviaron a causa de su incredulidad y deambularon durante treinta y ocho años por aquel extenso y terrible desierto. Nosotros también somos tardos para aprender, estimado oyente. Creemos que nos describiríamos a nosotros mismos al decir que tenemos un coeficiente mental bajo, espiritualmente hablando. Continuemos leyendo el versículo 3, de este capítulo 1 de Deuteronomio: "Y aconteció que a los cuarenta años, el primer día del undécimo mes, Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todas las cosas que el Señor le había mandado acerca de ellos" Al final de su tiempo de aquel andar errantes por el desierto, Moisés les pronunció su primer discurso. Obviamente, Sus palabras fueron dadas primero verbalmente, y luego más tarde fueron escritas. Moisés fue el portavoz que pronunció el discurso, y sin embargo, dejó en claro que estas palabras le fueron reveladas por el Señor. El Tema de este libro está basado en el amor y la obediencia, así como se destaca el propósito de su autor al inculcar a aquel pueblo los valores espirituales y humanos de la Revelación divina, tanto en la relación entre los seres humanos y Dios, como en la relación horizontal de la convivencia social de las personas. Este Tema tiene gran actualidad para esta época en la que nos ha tocado vivir. La obediencia a las leyes divinas le parecen al ser humano imposibles de cumplir o, en el mejor de los casos, las considera como una carga pesada de soportar. Es que dichas leyes se oponen al pecado y al control que éste mantiene sobre la naturaleza humana. Pero cuando el corazón humano es cautivado por el amor de Dios revelado en Jesucristo y en su obra de salvación en la cruz, los sentimientos de los seres humanos redimidos y liberados de la esclavitud, sienten gratitud hacia Dios. Y cuanto más llegan a amarle, más grato les resulta vivir de acuerdo con la voluntad, las palabras y los principios de su Creador y Salvador. Y creo que todos comprendemos esa situación, con la que, a nivel humano, estamos tan familiarizados. ¿Acaso no hemos sentido una verdadera satisfacción en agradar a quienes amamos? Pues así sucede con aquellos que aman a Dios. pastor SAMUEL RICARDO siervo de Jesucristo.- Atento a sus comentarios.